top of page

Sleeping o fleeping

  • Foto del escritor: Andrei Sorochin Ruslanovich
    Andrei Sorochin Ruslanovich
  • 27 nov 2020
  • 2 Min. de lectura

Ultimamente sueño mucho pero no solo al dormir sino cuando estoy con los ojos abiertos dando vueltas a delirios mentales. Siempre se nos ha dicho que hay que fijarse metas concretas e ir cumpliendo objetivos cerrando la puerta a sueños que a lo mejor son imposibles pero a mí que nadie me cierre ninguna puerta porque les voy a romper las ventanas a piedrazos para poder entrar o salir. No hay edad para tumbarte después de comer y simplemente imaginar que comes pizza y chocolate todos los días sin engordar, que conoces a los galácticos del Real Madrid, que atrapas a un Pokemon legendario, que te quedas atrapado en una isla desierta, que eres un astronauta bajándole la luna, que vas a la Resistencia de invitado para hacer dobles sentidos, que te enamoras sin que te hagan pedazos, que haces un TEDx delante de mil personas o de que algún día nos volveremos a ver. Si imaginar es de niños entonces voy a ser un niño toda mi vida porque no me da miedo soñar. Seré Peter Pan buscando a mi Campanilla porque nunca jamás quiero dejar de volar. Lo siento si te esperabas una metáfora sexual de los polvos mágicos. Agárrate a todo y a la vez a nada, vive con incertidumbre pero con libertad. Nunca he sido partidario de quedarme en un punto medio porque no quiero pertenecer a un mundo donde las emociones son solo eso, emociones. Los excesos por muy peligrosos que los describan son los que de verdad te van a llenar. Ya lo decía Romeo Santos “una aventura es más divertida si huele a peligro”. Pensad que siempre a nuestros amigos les contamos anécdotas, locuras, nuestros amores y desamores, etc. Les contamos aquello que impresiona porque queremos rostros reflejados de sorpresa y euforia, aunque si tienes a una persona que se emociona con las cosas más sencillas y pequeñas que le cuentas, entonces cuídala.


No hace falta que seas ni media naranja ni una entera, puedes ser una mandarina para que te coman lo blanco, una lima para la caipiroska o un limón para el tequila, aunque después acabamos echándole sal a la herida. Que no hay puertas en la vida sino túneles, puentes, bosques, montañas, mares, horizontes y sobretodo nubes porque prefiero vivir en las alturas, quedándome sin aliento por haberlo dado todo que estar con los pies en el suelo esperando un simple vuelo que acabará aterrizando en la misma tierra.

 
 
 

Entradas recientes

Ver todo

Comentarios


bottom of page